SEGUIDORES DEL AVERNO

12 de abril de 2013

EL RÉQUIEM DE UN POETA


Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Al maestro Jorge Luis Borges (1899-1986)


Filosa es la pluma que acompañó
tu laberinto alumbrando el orbe
tus ojos ciegos; esa álgebra de palabras
en un aljibe de Palermo y en una cancel
de Adrogué donde el otro escribió el poema.
                   
Tú, nombraste la victoria de Brunanburh,
leíste los versos del Sajón con Arte Poética,
miraste a Ginebra raudamente solitario,
y has ubicado el alfil que empujó los peones
de tu Ajedrez en un espejo asimétrico.

El Aleph reposando sobre mármoles
y la metafísica de Tlön en una enciclopedia,
tus vastos cuentos que dicta un epitafio
las dos abstractas fecha y el olvido
y el soporífero aro del sueño abrió la puerta
de un paraíso bajo una especie de biblioteca.

¿Quién sostiene tu descanso, qué espejo,
qué oscura luna sucumbe tu reflejo?

Dónde quedó el inefable párpado
de esa prosa, no por el rígido ayer
(has dicho: Hoy dispersión y polvo,
pesó como la nuestra sobre la tierra)
si la muerte no había leído tu mente.

Alada es la proeza de una pluma
cuando es el dueño un poeta.
No será tácito el universo ni uno
el anatema, eres la suma del tiempo,
el Inmortal y el río de Heráclito.

Pido a mi maestro la neófita poesía,
que el sepulcro no merezca mis días
sino un olvido que otea la memoria
de los hombres bordando la sombra
y ver mi cara, que no me nombra, 
en este espejo donde dora tus obras.

(Ariel Van de Linde)

LA SOÑADORA


Visible es tu rostro
que mira una rosa,
visible tus ojos nostálgicos
de entresueños, ensueños y sueños.

El arrebol abstracto, el alba austera,
el ocaso indiviso, la aurora infinita,
se abisman sobre la eternidad
de tu mirada de mármol y arena.

Te reflejas en un espejo
que es agua y río disperso;
ilusorio es el vuelo de tu alma
cuando agita tu pecho
al suspiro de tibia esperanza.

Avaros son los Dioses: Thánatos e Hipnos,
pero soñadora te contemplas.
Cierras las pupilas con vista al cielo
sólo imaginando ese deseo irreal
y sonríes anhelando existir
dentro de un recuerdo reprimido.

Se quebró la rosa sobre tu piel
deslizando sigiloso un pétalo por tus muslos
como el cisne se desliza en su lago nocturno.

Y estoy aquí, aunque distante te veo
junto al letargo envuelto en jardines
y a tus manos voy y en tu sueño muero.

(Ariel Van de Linde)

POETA DEMENTE



Ver el mundo en un grano de arena
y el Cielo en una flor silvestre,
abarcar el infinito en la palma de la mano
y el infinito en una hora.

A William Blake (1757-1827)


Piel mármol, traza los renglones,
esa tinta se repliega sobre la hoja
como el semen precoz en la sábana
sin haber alcanzado a ninguna mujer.

Te ultrajas putrefacto al sepulcro
de tus dientes sonrientes, anidando
versos para la antigua muerte austera.

Tampoco temes a la gente,
ni a las sombras, ni a sus estúpidas
locuras amorosas resplandecientes
y te atrapa un espejo, tan complejo,
como un sabio inventor de sueños.

Tal vez así demente te interpreten
y te sigas erigiendo perfecto y atroz
de una propia maravilla indecente.

Quizás, la muerte conozca al poeta
y su prosa; quizás, espléndida se destroza.

(Ariel Van de Linde) 

BALADA DE MUERTE


Baladas de balas,
cantan tenebrosas
en los oídos de músicos bélicos,
destruyen el cerebro de los inocentes.

El llanto de niños salvajes

colgados en la ubre del venado,
lágrimas con horizontes ocultos,
despliegan banderas en cadáveres
sobre un laberinto de generales.

¿Dónde está Dios?


Si mi rezo sólo enamoró al terror.


Nacimos de la tierra. ¡Escuchen, no huyan!

Que en el lodo sus rostros son putrefactos,
no sirven sus rangos, sino el ala de la muerte.

Sólo cantando... Balada de muerte.


(Ariel Van de Linde)