SEGUIDORES DEL AVERNO

26 de diciembre de 2013

OTRA VERSIÓN DEL TEATRO



Un anciano en el teatro
devasta el proscenio del escenario
incendiando marionetas
circularmente mudas pero habladoras;
en su ímpetu lo abruma
el ovoide de quien las maneja
a la manera de un esclavo desnudo
purgando su llanto y su risa,
para ser después un dibujo en el telón.
Y en Buenos Aires 
los vómitos de los jóvenes gritan salvaje
como un momento eterno de dolor,
conllevando poetas de pobre tipografía
alzando al infinito, un sueño dentro de otro sueño
y soñando soñar un ensueño inmaculado.
Comenzó la ceremonia en este teatro
con demonios minuciosos que se parecen a nosotros
y sólo nos diferencian sus tragicomedias
envolviéndonos bajo la fantástica metáfora de la muerte.

¡Oh anciano!, has muerto en tu teatro
y simplemente un escenario me separó de ti.


(Ariel Van de Linde)

EL GRITO DE DIOS


¡Hágase el tiempo!...
Y se hicieron las cosas
en un Bang poderoso sobre
el vasto silencio eterno.

Al titánico grito que expandió
billones de luces como esferas
lujuriosas, arduas de amor
que sólo escuchó el universo
aterido y vacío cegando al espacio.

A mi vista la danza bella
y estelar de uno y otro mundo,
de mil solsticios y firmamentos
que dan forma a sus constelaciones,
la danza de diamantes hermosos
desde las novas hasta las auroras.

¡Peguémonos al grito del todo!
¡Hágase todo y perfecto!

Oh sol, oh luna, oh polvo estelar,
únanse al juego de los anillos.
Oh lo nuevo por venir, oh planetas,
oh tierra santa, oh Set, hijo del principio,
hermano del poniente antiguo.

Oh eclipse narrador de profetas,
oh tribus de la noche llena
que en su épica los sueños nos llevan
a un vuelo inconcebible, inmortal.

¡Oh universo, Dios originario!

Súbanse al grito que yazgo
al hado tangible de su teoría.
Súbanse, que es el grito de Dios
donde somos muchos y sólo somos uno,
vagando en un misterio invisible
que se mece a la vista divina, tenue,
y tal vista nos abraza, visible e infinita.


(Ariel Van de Linde)