SEGUIDORES DEL AVERNO

2 de febrero de 2014

ADAGIO DE LA LUNA Y EL SOL


Allí, en su rito de mármol y arena
el universo modera un camino
de lentas luces y eternas esferas
encadenadas de fulgor en sus destinos
y donde se enlazan dos cuerpos adamantinos.

Allí, un ocaso de fuego y cristal
entona el adagio del Dios y la Diosa
la aurora piadosa de una mañana
y el horizonte anónimo de una noche
que su espejo secular refleja la Odisea
y las vértebras de un eclipse que los desea.

En el albor empezó esta función
cuyo escenario es nuestro planeta
que los mira halagando su era
y se prometen – con las estrellas –
una orgía devastadora de amor.

La Luna agazapada en su rincón
se oculta detrás del rocío,
mirándose vanidosa en su estío
que es agua de Proteo, esperando
con anhelo ser arrastrada al apareo.

El Sol preparando su ataque
junto al puro brillo del coraje,
sobre la tela y la joya del ultraje
le obsequiará a esa hembra  
todos los deseos cediéndole su ropaje.

Artemisa y Apolo…,
su adagio vislumbraron en esta era
y de infinito coito han llenado la tierra
en un vaho áspero de leones y panteras.

¿Qué otra Luna y qué otro Sol los imitarían,
cuántas lunas y cuántos soles
acabarían tiernamente en tus temores?



(Ariel Van de Linde)