SEGUIDORES DEL AVERNO

16 de diciembre de 2014

UNA BALA



  
Traduciré la bala que disparó tu boca: “No sé – dijo ella –; ningún testigo oyó el adjetivo, pero han presenciado el instante en que tu ego derramó su lodo”. “Quizá no hubo testigos – dijo él –, quizá lo soñé sin dormir o quizá sos vos la única testigo”.
Practicaremos la polialfabética que practicaba el César para poder descifrar la bala que entró por mi hemisferio izquierdo concediéndole al dolor su libertad. ¿Qué hombre de arena detuvo tu tiempo, en qué costado de tu cuerpo escribirás mi sepulcro; será que mi perfidia fue amarte? Esa bala sólo lleva dos vocales; tu boca disparó a quema ropa y mi sien no protegió al ego que derramó su lodo. Vos estás viva en tu bosque, yo estoy muerto en el río de tu mente; tus pensamientos, tus recuerdos, tus tantos presentes. Aún no he podido traducir esa bala.

(Ariel Van de Linde)