SEGUIDORES DEL AVERNO

4 de septiembre de 2015

GRITOS - El Lienzo de los Sueños


XLVII

Soy feliz, mientras los religiosos esperan el fin
que dicta un libro y el arbitrio de sus páginas,
vivo el momento con alocada felicidad.
Aún examino mi cuerpo, contemplo cada célula 
de mi carne humana y de mi espíritu 
que algún espécimen me concedió, cuyo padre es mi padre
y cuya sangre vierte el rostro solar que perdió su órbita.

Mi alma es mi templo y soy feliz y libre de todo pecado,
no soy un esclavo de los ladrillos que inventan palacios,
no rezo porque nada malo he hecho,
siempre agradezco de estar vivo al Todo de todos;
duermo y viajo por los sueños, duermo y viajo sin recelo, 
sonrío estrepitoso de felicidad. 
Qué más valioso que existir 
aunque sea sólo en nuestra realidad 
o en un nutrido límpido de resurrección 
que experimentamos al despertar tristemente.

¿Por qué perder el tiempo orando con palabras 
al pie de una cruz incrustada en la pared
mirando cómo la vida pasa por tu lado izquierdo
y no darte la oportunidad de ser feliz,
por qué ser esclavo si hemos nacido libres
y desnudos con una infinita perfección
de nuestros átomos perdurables?

¿Por qué? 
Si al respirar ya estamos orando a la vida
y basta con estar enteros para abrazarnos
como desorbitadas y alocadas criaturas excitadas
por vivir; saltando, danzando y gritando junto a Él.

Soy feliz, vivo cada instante como el último
y como un demente lleno de alegrías y tristezas,
como una flor silvestre 
que se quebraja con el soplido del oriente.

¡Mira a tu alrededor! ¡Mírate a ti mismo!
¡Estamos vivos! Aun si nos transformamos en polvo,
que es una vehemencia de la creación.
No soy un ejemplo, sólo soy un portador de luz. 
¡Sé feliz! ¡Libera tu mente! 
No perderás nada. El Universo es sabio.

No es ser soberbio darte gracias a ti mismo,
no es ser egoísta darte una oportunidad,
la salvación es existir como existimos, la muerte
es una simple escala, una nueva existencia; 
no hay un fin;
jamás lo hubo, jamás lo habrá, y jamás lo soñarás.

(Ariel Van de Linde)

30 de agosto de 2015

MORIR



Morir: de frente, de espalda,
de costado o del otro costado,
arriba o abajo de cada muerte,
morir sentado, morir parado,
morir de rodillas inclinado a la locura.

Morir: como un valiente cobarde,
como un hombre mujer, morir de sed,
morir como la muerte unánime
que muere egoístamente por un beso
de parto naciendo vehemente en su canto.

Morir: en la cama, morir en el piso
o en la pared como una mosca muere;
morir como las hormigas en su hormiguero
morir en un hipogeo, morir en la luna,
morir como un pavo real o como un zorzal.

Morir: de idiotez, de pena, de tristeza,
de sueño, de amor; morir engañado,
morir solamente solo en una caja de cristal,
morir como un perro emperrado de celos,
de deseo, de anhelo, de nostalgia, de recelo.

Morir: con el fuego, con el agua, con la espada;
morir como Ulises, como Argos o como Aquiles;
morir siendo o no siendo Homero o Shakespeare;
morir en una Odisea o en un Soneto sin libro;
morir como está muriendo la biblioteca y el poema. 

Morir: con escombros en el cuerpo,
morir sin el tiempo porque el tiempo
es la muerte que la carne del hombre teme;
morir en caída libre, morir en tus brazos,
morir ciego en un bar, en un baño, en el mar;
morir excitado de bondad, de soledad, de felicidad.

Construir sin conciencia la muerte 
toda una vida para morir instantáneamente; 
morir ayer, morir hoy, morir mañana; morir.
Morir de todas las formas, es la dulce limosna 
que nos ha dejado las horas, los años, los siglos 
y el verbo: no habrá una Muerte válida 
que no dé por válida su propia muerte.

(Ariel Van de Linde)