SEGUIDORES DEL AVERNO

20 de febrero de 2016

PRECIOSA CONTRADICCIÓN



Mírame, oh mujer
                                       que sosegada
                                                                     sobre mis corneas
detienes el tiempo con la asirse 
                                                                    de tu fruta póstuma
       que jamás han visto mis ojos
            ni la he conocido conociéndola.

¿Dónde yace tu esencia?
Dime,
¿qué Hades arguyó con su lapislázuli la orilla de tu noche?

Los ovoides ulteriores a ti
multiplicarán el anatema de tinieblas y de cielos
y la matriz que me ha engendrado
se disolverá en la oquedad de un lienzo
urdido por ángeles
que caerán desde el humus hacia una preciosa contradicción
que tu amor atribuye a mi vórtice famélico.

Sólo...
               ¡Cuéntame, enséñame!
           
Oh tú, preciosa contradicción.


Sé que lo sabes, sé que eres tú la esfera de la infinitud,
déjame dormir en ti,
déjame detenerme 
que sobre el escabel, un sueño furioso
me anclará a tu desdén y los anillos de tus ojos.

Aquí
Allá
O tal vez en este centro
Un preludio de huesos y occipucios
amarán a este cuerpo de barro
cuando vuelva a morder la manzana,
brinca en mi loco pecado
y mordamos una vez más de esta fruta.
Oh, mujer…, tú, preciosa contracción. 

(Ariel Van de Linde)

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