SEGUIDORES DEL AVERNO

3 de mayo de 2016

UN SUEÑO DE ONIRO



En el alba y en el declive de la tarde, 
en el amanecer de la noche, 
en tus ojos de luna (que son mis espejos), 
en el mar que nunca conocí, 
en los arduos momentos, 
tu alma es el fulgor de mi laberinto 
que me muestra la salida 
hacia el laúd de tu equis de vidrio 
y con unas horas de amor
el mundo nos envidia: el mundo, nos imita.
Sobraba un espacio en mí
y lo he rellenado de ego hambriento
desobedeciendo las voces que carcomen el tiempo.
¿Quién pudiera deshacer esa anomalía
para morir en la declinación de las horas?
Sólo dime si estás aquí
y seré tu lugar
y ya no hará falta morir,
no será preciso que declinen las horas,
bastará con ser dos vidas en un jardín,
bastará asolar al mundo con tus ojos y con mis ojos,
bastará escudriñar la eternidad 
para inventar un sueño en otro sueño, 
de otro jardín y otra manzana, quizás otra eternidad.
Así existimos, así el tiempo se interpola al olvido,
así entras en mi espacio
sin que nadie nos vea, sin que nadie nos importe.

(Ariel Van de Linde)​

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