SEGUIDORES DEL AVERNO

3 de mayo de 2016

VÁSTAGO


Una música interrumpe tu semisueño
estampado de arcilla y de hueco
junto al paréntesis silencio de tu respiración
cuando anochece perpetuo un profano de muslos abiertos.
Vuela sobre las extremidades del céfiro,
haz una luna con la arena desgarrada por el desierto
y devela su cuerpo que se hace réplica en mis espejos,
bebe la sonrisa del ángel de la sequía
levantando una rebelión de leones y tigres
en la cúspide de tu cama.
Grita que me odias y que me amas simultáneamente
que yo sólo te amaré pendiendo de un cordón sin tiempo;
corre hacia el cielo
y absorbe el viscoso abismo de tus celos
sin alejarte de mis ojos sedientos de algoso 
y perpetuo pájaro 
extremadamente loco de tanto ser cuerdo.
No voy a huir de tus epítetos agonizantes,
me impregnaré de ti en mis poemas
que aún no han sido escritos 
y me haré piedra incorruptible 
para colapsar con aquella música que te ha interrumpido. 

(Ariel Van de Linde)

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