SEGUIDORES DEL AVERNO

19 de enero de 2016

EL SUICIDA (microcuento del libro "La Conquista")




    Amanece. La fuente con un Ángel color barro y sin alas, el agua herrumbrada; un toro muerto cuya carne la devora un perro; yo, en un banco mirando un patio o un jardín junto a la mujer de mis ojos. "Diana, el desayuno está frío, mejor ve a tu casa o llegarás muy tarde". El hipocampo escapó de su pecera, las estrellas duermen y del otro lado de la luna todavía vive pensándose muerto, el suicida.
     – Así es la vida – dijo la Biblia.

(Ariel Van de Linde)

EL LABERINTO DEJÓ DE SER


El laberinto dejó de ser el laberinto,
ya no necesitamos de ese hilo,
ya podemos ver el disco de mármol
y el nacimiento del alba dentro de un sueño
que inexplicablemente nos conoce.
Sólo hay bailarinas
alrededor de Teseo
y una voz de papel
haciendo feliz a los prisioneros
en ese trémulo y pacífico infierno.
Yo vivo, yo muero,
yo soy el olvido y el eterno
y un pájaro
que se abisma hacia lo remoto
para no dejar de existir en estas rocas.
Los prisioneros 
hallaron mil y una salidas en el laberinto
pero todos eligieron no morir
y todos construyeron un altillo de sombra
que les permita perder las huellas de Minos, el otro adán,
que se ha entregado solitario a su deshecho y fiel destino.

¡Oh, Ariadna!, el Minotauro es el Poeta.


(Ariel Van de Linde)

LA LUNA DE ESPALDA



Hay tanto amor en esa sombra,
hay tanto Ser en ese espejo;
una luna de espalda que no te nombra
y un límpido mar que diseña tu reflejo.

Así es tu cuerpo.
Un cabeceo infinito de caderas,
una oleada de cabellos en la pradera
y unos ojos resignados a la noche.

¿Qué individuo fatal será tu hombre,
qué rasgo sin gloria será tu escoria,
qué imponente cielo será tu velo?

Sólo tú y unos ojos de niña
suponen a un tiempo descalzo en la tierra
y una aurora que desnuda tus estrellas
camina con las manos estrechas 
hacia un laberinto de cristal de imperfecta apariencia.  

Oh energía de tu pecho,
oh copulación en tu lecho,
hay tanto amor en esa anónima sombra
que la luna de espalda, no te nombra. 

(Ariel Van de Linde​)